miércoles, 18 de julio de 2007

Con la tierra y la lluvia
el hornero
haciendo su casa

es la otra vida
del guaraní en cascadas, nubes y cielo.
Tapes, itatines,

curapaitíes son ramas
del mismo ñandubay. Lo inesperado
respira en sus nombres. Detrás del arco iris
viven en el verde rugido amazónico.
De pronto...caen en las mercenarias
redes de los sicarios portugueses.
Esclavos de América enredados
con esclavos de África. La conquista
y los conquistadores los cotizan
esenciales como el río Paraná
donde el guaraní se mira la cara
y se pinta el cuerpo según haya tenido
una noche yaguareté
o un amanecer pecarí.
En los descuidos del bosque
cultivan la guerra, el maíz
y calabazas, que secas y limpias

se entregarán al tereré, la bebida
que hacen con el caá -el mate-.
De la mano de los jesuitas trabajan
el Evangelio
y la selva
hasta que se derrumban

las piedras
que ellos habían convertido en ángeles.

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