Nacen al este del río
más callado del mundo.Crecen cerca,
debajo, arriba
y adentro de los ceibos.
Existen en un cielo de lana tejido por el viento,
engendran a música de ganado espantado por las fieras
y asan la carne vertical en un palo iluminado por el fuego.
Conversan la chicha de miel salvaje para soñar la guerra
(deciden que godos y portugueses no merecen cabalgar).
Hablan anochecidos eligiendo centinelas.
Vuelan en sus caballos,
nadie lo sabe, pero llegan.
En ese momento no se mueven,
no respirar y no fallan.
Despiertan y el río Uruguay
les peina las crenchas y heridas.
Ponen en su frente plumas más blancas que el orgullo.
Admiten las bajas, las picardías, la poligamia.
Castigan el adulterio, el dolor de muelas y los ruidos feos.
Enferman, bailan, deliran y llaman al curandero.
Aceptan los remedios de la farmacia de la naturaleza.
Mejoran y mueren; los entierra una vieja.
Matan a su caballo y junto a ellos,
el bostezo de sus armas.
Reencarnan en churrinches que cantan como el agua.
* De "Trabajando palabras" de Miroslav Scheuba
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