martes, 24 de julio de 2007

Hay dos grandes mujeres en las letras brasileñas:
Clarice Lispector y Adélia Prado.
Preparadas para el asombro -con sus delicadas plumas-
nos deslumbran hasta con el menor objeto u hecho cotidiano.
A las pruebas me remito.
















Lo que un hombre enfermo reza en la mañana"

Por la señal de la Santa Cruz,
llego ante tu presencia con mi vientre hinchado
para que te conmuevas, Señor, de mi mal sin remedio.
Inauguro el día, tratando de explicar mi credo
que anoche estuve pasando en limpio.
Escuché - es lo que hago cuando descanso-
voces que tienen como treinta años.
Vi en las tinieblas rasgos tan claros como el sol.
Escuché la voz de mi madre,
espanté los gatos que lamían
el plato de mi infancia.
Líbrame de arrojar contra Vos
toda la tristeza de mi cuerpo
y su delicada podredumbre.
Mas me desahogo profiriendo
qué enardecido es el amor que Vos me das.
Ten piedad de mi,
ten piedad de mí
por la señal de la Santa Cruz,
me persigno en la frente, en la boca, en el corazón.
Desde la punta de los pies hasta la cabeza,
de una palma de mi mano a la otra."

Adélia Prado (Traducción de Miroslav Scheuba)
1935-

EL HUEVO Y LA GALLINA
(Fragmento)

"De mañana en la cocina, sobre la mesa,
veo el huevo. Miro el huevo de una sola mirada.
Inmediatamente advierto que no se puede
estar viendo un huevo. Ver un huevo no permanece
nunca en el presente: apenas veo un huevo
y ya se vuelve haber visto un huevo
hace tres milenios. En el preciso instante
de verse el huevo éste, es el recuerdo de un huevo.
Solamente ve el huevo quien ya lo ha visto,
huevo perdido. Ver el huevo es la promesa
de llegar un día a ver el huevo.
Mirada corta es indivisible; si es que hay pensamiento;
no hay; hay huevo. Mirar es el instrumento necesario
que, después de usado, tiraré. Me quedaré con el huevo.
El huevo no tiene un sí mismo. Individualmente no existe."

Clarice Lispector
1920-1977

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